Un día nuestros sueños nos llevaron de vuelta a Canfranc...

... recordé mis primeros esquís en Candanchú, mis primeros campamentos en Canal Roya, mis primeros pasos como monitor de tiempo libre en la casa de colonias junto al río, mis primeras escaladas en el Coll de Ladrones. Cuántos primeros pasos en un mismo lugar. Pero sobre todo recordé aquel olor a aceite quemado de los trenes en la estación, su vestíbulo, la gente subiendo y bajando del tren, sus largas y agradables cuatro horas desde Zaragoza, montañeros, esquiadores...cómo ha cambiado todo, ¡qué abandono!
Por un momento entristecí mientras se desvanecían aquellas imágenes, como si del color pasasen al blanco y negro. Sentí la necesidad de hacer algo, y así fué. Ahora subo casi todos los fines de semana; veo como la Estación se transforma, me manifiesto por la reapertura del Canfranc, paseo por sus montañas, observo su naturaleza, fotografío sus paisajes, convivo con sus gentes y vuelvo a deslizarme por su nieve.
Pero lo mejor es que todo ésto no lo hago solo, sino con mi mujer y mis hijos. Y contagiamos a familiares y amigos. ¿Te contagias tú también?

7 nov. 2010

DE PASEO POR LA CANAL ROYA

Canal Roya es un valle que debe su nombre al color rojizo de sus piedras y su tierra de origen volcánico.Desde este valle se accede a los ibones, al pico (2545m.),  y al Vértice de Anayet (2555m.).
Para ello comenzaremos la excursión desde el aparcamiento que hay a la derecha de la carretera, justo antes del campamento militar de Rioseta (dirección Canfranc-Candanchú).

Nada más entrar en el Valle  y cruzando el puente del Río Aragón encontramos una fuente donde aprovisionarnos de agua. Seguiremos la pista forestal dejando atrás la chimenea de la vieja fundería de L'anglassé, pasaremos sobre las instalaciones del campamento de los Jesuitas, y encontraremos la fuente del Cerezo, donde podremos hacer una breve parada. Al poco tiempo la pista se corta con el río, donde ésta se convierte en sendero.
Este sendero sigue las marcas rojas y blancas de la GR-11. Atravesaremos un puentede cemento y llegaremos a la cabaña forestal de Lacuart (1530m.), donde el bosque se transforma en praderíos.
Continuando la senda llegaremos al circo del final del valle, denominado La Rinconada (2h.30min.) Desde aquí podemos ascender hasta un ancho collado que nos sitúa en lo Ibones de Anayet (2227m.) (3h.30min.) Estos ibones precipitan su agua glaciar a La Rinconada para formar el río de Canal Roya que a su vez acabará desembocando en el Aragón.
Desde los ibones podemos ascender al pico y al vértice de Anayet, separados ambor por un collado al que se llega en unos 35min. Desde el collado hasta el pico otros 30min. (Esta última parte para montañeros experimentados).
Un precioso valle para iniciar a los mas pequeños en los paseos por la montaña.

22 sept. 2010

GUIRANDANA DE LAY, HECHICERA DE VILLANÚA

Mediante proceso criminal en la ciudad de Jaca en 1461, Guirandana de Lay, mujer de Villanúa, fue acusada de hechicera y envenenadora y condenada a la hoguera.

Guirandana de Lay habitaba en Villanúa, pero en el proceso no se indica su lugar de nacimiento. Aunque por la toponimia de su apellido, podría ser de origen bearnés. De hecho eran muchos los bearneses afincados en Aragón, y no pocos de ellos (casi siempre mujeres) juzgados por brujería y hechicería. También gracias a este proceso conocemos un único pariente, su madre, Vicienta, cómplice de sus crímenes.

El proceso se inicia el 12 de marzo de 1461, ordenándose su “busca y captura”, hecho que tiene lugar al día siguiente en Villanúa, siendo la acusada trasladada a Jaca donde se le exponen los cargos de los que se le acusa:

-         En diciembre de 1460, en el molino harinero de Villanúa, dio pan mezclado con hierbas venenosas a la niña de 11 años de edad, Agnes, hija de Blas de Acín, cayendo ésta semimuerta y extinguiéndose su vida poco después.
-         En septiembre de 1460 dio hierbas mortíferas a Sancha, hija de Sancho Latorre mientras estaban en unas viñas de Villanúa. Sancha quedó moribunda sin esperanza de recuperación.
-         En marzo de 1460 fue a casa de Bertrana, mujer de Rodrigo La Cambra, y la visitó en su telar, donde tras una discusión le pasó unos polvos por la boca que le hicieron caer al suelo agonizante sin remedio.
-         En enero de 1461 envenenó a Gracica, nieta de Sancho Acín, uno de los siete acusadores. Al pasar la niña por delante de la puerta de la casa de Guirandana, ésta le dio algo para comer mezclado con hierbas mortíferas. Gracica cayó al suelo y murió a continuación.
-         Otro día de enero de 1461, Guirandana dio una poción venenosa a María, hija de Esteban D’Osán. Se le infló el vientre y murió emponzoñada.
-         En mayo de 1458 fue a ver a Sancha Ximénez, Mujer de Sancho Bescós, y junto a una acequia le untó la boca con agua mezclada con polvos mortíferos. De ello enfermó y murió.
-         En septiembre de 1457 dio una pócima venenosa en una manzana a Blasquico Callizo, hijo de Sancho Callizo, uno de los acusadores. Murió envenenado.
-         También en septiembre de 1457 dio pociones venenosas en un cuarto de manzana a Gil D’Acín, hijo de Blasco D’Acín. También murió. En este caso acusan de complicidad a su madre Vicienta.
-         Se le acusa de que fue y es ponzoñera, mala y perversa confirmándolo así diecisiete personas en el lugar de Villanúa. Y fue y es mujer de mala fama en voz pública en la ciudad de Jaca, Villanúa y allí donde había noticia de ella, considerándole la líder “cap e bordon” de las ponzoñeras.
-         Se le acuse de haberse jactado y de alabar sus acciones, como corroboraban muchos hombres del lugar.


Por consiguiente el fiscal pidió al juez que la acusada fuese quemada en la hoguera y obligada a pagar los gastos del juicio mediante el embargo de sus bienes.
Los días 13 y 14 de marzo se le realiza el primer interrogatorio a la acusada. En un primer momento se declara inocente, pero ante las preguntas del Lugarteniente del Justicia acaba reconociendo sólo el envenenamiento de Gil D'Acín, aunque con la ayuda de otras, especialmente de su madre Vicienta. También acaba declarando y nombrando al resto de ponzoñeras y ponzoñeros que le acompañaban: Sancha Fatás, el matrimonio Betrán y Andrea, Peregrina la viuda, Graciana de Beneduges y su hija Contessa, María de Pes de La Cura, y su propia madre Vicienta.

El 24 de marzo de 1461 el Notario Martín de Rayza, comunicó los cargos a Guirandana por petición del procurador fiscal, y ella encomendó su alma  a Dios y a la Virgen María. También se hizo una tasación de las costas del juicio que sumaron 83 sueldos, 4 dineros y 15 florines. El lugarteniente del Justicia de Jaca ordenó ejecutar el embargo de los bienes de la acusada para satisfacerlas.

En el proceso criminal a Guirandana de Lay no consta la ejecución de la sentencia, pero es de imaginar que sería quemada en Jaca.

Posteriormente  en 1498 la Inquisición de Zaragoza procesó, condenó y quemó por delitos de brujería a Narbona d’Arcal  de Cenarbe (aldea de Villanúa). Más tarde la Justicia seglar (civil) aragonesa procesó por el delito de brujería y hechicería a varias mujeres de Villanúa: Juana Sánchez (1575), Juana La Cura (1590) y Monserrat Mayayo (1590).

LA CUEVA DE LAS GÜIXAS

Bajo el macizo de Collarada, en el municipio oscense de Villanúa de Jaca, se encuentra la cueva de Las Güixas.
La existencia de estas cavidades se remonta a la última era glaciar, hace 25.000 o 30.000 años. Desde entonces, el agua, gota a gota, ha creado uno de los paisajes espeleológicos más bellos del Pirineo Aragonés, donde las estalactitas y estalagmitas florecen a lo largo de sus 800 metros de recorrido.
Según se avanza hacia el interior, la cueva va ganado altura, sonidos y formas, hasta llegar a la "catedral". En esta sala la altura alcanza los 16 metros y las formaciones pétreas se manifiestan en todas sus variantes. Columnas que unen suelo y techo, cortinas que dejan entrever a los primeros murciélagos que se asoman curiosos ante los extraños, y figuras con formas familiares que despiertan la imaginación de los visitantes.
La gruta de las Güixas, debe su nombre a un agujero que ilumina una de las salas que la componen. Cuenta la leyenda que aquí, bajo esta "chimenea", las brujas hacían aquelarres e imploraban al demonio. Se supone que éste era un espacio donde encontraban las condiciones perfectas para realizar sus ritos y ver a través de la "chimenea", la luna y las estrellas, elementos imprescindibles en sus ceremonias. Aunque la palabra “güixa” se cree que viene de guija, una legumbre parecida a las habas con la que se hace la harina de almortas, ingrediente principal de las gachas. No obstante las brujas hacían conjuros y hechizos con habas, y es posible que utilizasen guijas para invocar al demonio.
Pero las bruxas (brujas en aragonés) no fueron los únicos habitantes de esta cueva sino que, hace ya 10.000 años los hombres del Neolítico vivían en estas salas, las mismas que sirvieron de guarida y almacén a muchos hombres que lucharon durante las guerras Carlistas y en la Guerra Civil.
No todas las reuniones brujeriles eran iguales. Había encuentros de dos tipos que se llamaban Esbat o Sabbat. Las primeras eran de importancia menor, más habituales, y podían realizarse en mayor número de sitios: encrucijadas de caminos, bosques, ruinas o incluso casas. El Sabbat, sin embargo, se reserva para días especiales, como la Noche de Difuntos o la de San Juan, y los lugares elegidos estaban cargados de energía y misterio. Esos sitios reservados para los grandes aquelarres solían ser o los prados situados sobre las cimas de las montañas, o las inmensas cuevas que existen en el interior de esas mismas montañas, sin olvidar otros lugares de ambiente encantados como algunos famosos castillos deshabitados. De hecho, tanto los legajos de la Inquisición, como la tradición popular, señalan muchos lugares donde las bruxas celebraban sus reuniones o chuntas en Aragón.
La Cueva de As Güixas, se abre al lado de un dolmen, dato importante pues relaciona de alguna manera los ritos atribuidos a las brujas, con la antigua religión de los pueblos megalíticos, y en definitiva, relaciona el mundo de los vivos y el culto a los muertos.
Las bruxas que se dirigían volando a sus lugares de reunión se encontraban en un punto concreto pasada la hora mágica de la medianoche. Allí todas juntas rendían culto al diaple o diablo, que se presentaba como buco (macho cabrío), como hombre oscuro montado en un buco o en un caballo negro, con perro, o en la figura humana con partes de animal, como patas de cabra, cuernos, orejas de carnero... Así, con todos estos datos y el espacio subterráneo de la Cueva de las Güixas de Villanúa, nos podemos imaginar las fantasmagóricas escenas que legendariamente han tenido lugar en esta famosa gruta.

POEMA


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 CANFRANC
Es la piedra y el reino de la piedra
lo que sobre los hombres permanece 
-de niño escondí  en esta tierra mi
inocencia- después de que la lluvia haya cesado. 

Aquí, el águila no importa,
no importa la víbora ni el sarrio.
Sólo la roca aupada contra un cielo azulado
es lo que importa.

Preguntad por el río,
la nieve, por el hielo. Preguntad
por la vida -yo la cogí por estos precipicios-
y nadie sabrá que responderos.

Es tan sólo la roca, lo repito,
lo que señala el valle y la vaguada.

El pueblo, monótono, se aburre,
se emborracha. No existe el horizonte. La roca,
esa mano de Dios petrificada, es la única señal
que al hombre aguarda.

Por José Antonio Labordeta.

5 sept. 2010

DE PASEO POR EL VALLE DE IZAS

Desde Canfranc Estación nos acercaremos haste el Fuerte de Coll de Ladrones, al que por el sendero que parte del camino de Santiago se llega en 25 min. (Por la pista es más largo aunque también más sencillo). Una vez junto al Fuerte seguiremos la pista que desciende hacia el Este y en 5 min. nos encontraremos junto a la señal que indica el camino al Valle de Izas-Formigal marcado con las señales de la GR-11.
Ascenderemos poco a poco, por bosque primero y por una pedriza (la cantalera) después. Ganaremos altura hasta situarnos al comienzo de los prados en otros 40 min. Desde aquí tenemos una bonita vista del valle con el Campanal de Izas al fondo a la derecha. Siguiendo el sendero GR y en unos 20 min. nos topamos con una bifurcación. El camino de la izquierda nos lleva a la Cascada de las Negras; un precioso lugar para refrescarse en familia e incluso con suerte fotografiar al escaso tritón pirenáico. (20 min.)
Si seguimos la GR-11 por el camino de la derecha llegaremos hasta el refugio de Iserías en unos 25 min. (1700 m.) Aquí se nos plantean otras dos opciones: seguir hasta el final del valle que nos lleva hasta la estación de esquí de Formigal, a los pies del Anayet por el Norte y la Pala de Ip y Punta Escarra al Sur; o como segunda opción, para los más fuertes, tomar el camino que asciende al ibón de Samán. Éste sendero se toma junto a una gran roca en medio de la pradera frente al refugio de Iserías.. Nos llevará ascendiendo poco a poco hasta el refugio de las vueltas de Iserías en 50 min. (1950 m.) Con suerte veremos Edelweiss por el camino. Seguidamente el camino gira 180º y ascendiendo por una faja rocosa llegaremos al ibón de Samán en otros 40 min. (2150 m.)
Hay que tener en cuenta que los horarios dependerán de los participantes y de las paradas que se realicen a lo largo del recorrido, pero son aproximadamente los siguientes:

- Cascada de las Negras: 2 h. (regreso 1h. 10 min.)
- Ibón de Samán: 3h. 30 min. (regreso 2h. 30 min.)
- Collado de Izas: 3h. 30 min. (regreso 2h. 30 min.)

4 sept. 2010

ASCENSIÓN A PEÑA OROEL

Peña Oroel (1769 m.) es una sencilla ascensión con bonitas panorámicas de los picos más importantes del Pirineo Central. Recomiendo llevar la cámara de fotos, especialmente en días despejados.
Desde Jaca, tomaremos la A-1205 en dirección a San Juan de la Peña y Bernués. Tras unos 6,5 km. tomaremos una pista asfaltada que en 2,5 km. nos dejará en el mirador de Oroel. Aquí dejaremos el coche y podremos aprovisionarnos de agua. (1186 m.)
Frente al restaurante del mirador y junto a un depósito de agua parte un sendero que va cogiendo altura en dirección sur a través de un frondoso bosque de pinos. A unos 40 min. el bosque comienza a cambiar y aparecen los abetos, mientras tanto el camino continúa subiendo hacia el oeste atravesando un pequeño muro de piedra conglomerada. Tras 1h. 30 min.accederemos al collado de Oroel (1727 m.) desde donde iremos cresteando hasta la cima occidental o antecima. A unos 5 min. encontraremos unas marcas que indican la ruta de la Virgen de la Cueva, pero continuaremos por los pastos que ascienden hasta la cima marcada con una cruz (1769 m.)
El descenso lo haremos por donde hemos subido, pero si vamos bien de tiempo podemos desviarnos a visitar la ermita de la Virgen de la Cueva, que nos supondrá un adicional de 1 h. sobre la 3 h. que cuesta aproximadamente nuestro itinerario inicial. Que disfrutéis en familia.

2 jul. 2010

SILENCIO, SE RUEDA.

Desde el pasado mes de Junio, la directora y guionista Paula Ortíz se encuentra rodando su ópera prima "De tú ventana a la mía". Cuenta tres historias de tres mujeres alejadas en el tiempo pero con un nexo de unión:  la ausencia de una vida plena, sueños y amores truncados y la visión de ésta desde una la ventana.
Para esta aventura, la joven directora aragonesa cuenta con un magnífico reparto, y una selección de preciosos escenarios entre los que se encuentra nuestro Canfranc olvidado y su Estación, así que desde este humilde blog, te doy las gracias, Paula, por abrir nuestra tierra y su patrimonio al resto del mundo a través de tu trabajo.


 Para aquellos que queráis seguir su trabajo, os dejo unas direcciones interesantes:



http://www.amapolafilms.es/ventana/
http://www.diariodelaltoaragon.es/NoticiasDetalle.aspx?Id=638225
http://www.facebook.com/detuventana?v=wall#!/detuventana?v=info
http://diario.detuventanaalamia.com

Ya estoy impaciente por ver el trabajo final.  MUCHA SUERTE, PAULA!!!

18 feb. 2010

EL CUCHARERO DE CANFRANC

En el pueblo de Canfranc, en pleno pirineo aragonés, vivía hace muchos años Damián, llamado el Cucharero. Era hombre de montaña, un poco hosco, escaso en palabras y ducho en recursos. Tenía que sobrevivir al duro clima y a las difíciles pruebas que cada día le imponía su hábitat. Formaba parte del grupo de pastores de la comarca. Los pastores bajaban a Tierra Plana en cuanto asomaban los primeros fríos, para proteger al ganado y darle pastos en los campos situados más al sur, donde la nieve desaparecía antes. La transhumancia era la forma de vida de la montaña, y nadie se planteaba que hubiera maneras distintas de vivir, o de sobrevivir. Aunque, en una ocasión, Damián quiso cambiar su vida.
Ese año, había sido padre de un niño. Cuando marchó al llano el invierno anterior, su mujer le había dicho que encontraría nuevo ganado al regreso, pero él nunca imaginó que se refería a su primogénito, al ereu, el heredero de la casa. Cuando volvió, se encontró con una criatura de meses, y a su madre diciéndole:
-El mosén quería que lo bautizara antes, pero he querido esperarte.
-Le pondremos Fabián, como su abuelo, así tendrá al ángel de la guarda y a la almeta de mi padre que en paz descanse para protegerle toda su vida.
Esto lo dijo Damián con lágrimas en los ojos, y sólo había llorado antes una vez en su vida, que recordara, y fue cuando vio caerse a su hermano por las Peñas y matarse al ir a buscar un cordero que se había perdido.
El resto del año a Damián se le pasó como en vísperas, y cuando se quiso dar cuenta, el invierno volvía a ocupar su lugar. Pero esta vez el pastor dijo que no bajaba con el ganado. Los demás pastores le llamaron loco; el mairal, como denominaban al capataz, al más veterano en la profesión, le amenazó con echarle del gremio, y las mujeres del lugar le hicieron saber lo que pensaban de un mal padre como él.
Damián quería celebrar esa Navidad con su mujer y su hijo, como hacían los de los pueblos de Tierra Plana, y después vivir en su casa, no en el monte. Para conseguir su propósito, había pasado muchas horas tallando madera de boj. Con su naballa hizo cientos de cucharas, cazos y cucharones mientras los demás dormían en las mallatas. Sólo quedaba ahora recorrer los pueblos del Valle y vender la mercancía. Así ganaría el dinero suficiente para sobrevivir al invierno, y la primavera siguiente ya se vería. Pero llegó el 24 de diciembre, la antigua fiesta del Solsticio de Invierno, y Damián apenas había vendido algo. Quedaba una posibilidad: habría que pasar a Francia y probar allí suerte. Sólo volviendo con dinero suficiente en la faltriquera podría seguir llevando la cabeza alta en el pueblo.
Damián partió hacia las montañas del Puerto aquella fría mañana de la Nueibuena, sin hacer caso de las habladurías de su mujer y de su suegra. El no creía en las historias de biellas. Estaba harto de oír a las más viejas del lugar contar que en los ibones de Puerto habitaban seres malignos que acababan con los caminantes, si se atrevían a pasar por allí en los días mágicos de los solsticios. El era pastor, y sabía que el verdadero peligro cuando se andaba por las cimas consistía en no reconocer las crepas o grietas en el hielo bajo la nieve, eso sí que era arriesgarse a perder la vida, como le pasó a su hermano.

Desayunó fuerte: unos huevos fritos, cebolla y pan. Echó al morral un pan entero y queso. Sobre los hombros se acomodó la mochila cargada con los cubiertos de madera y sin despedirse de nadie, aún de noche, salió hacia Puerto, con la única compañía de su gayata, su bastón de pastor. Llegó al país vecino al mediodía. Las ventas no le fueron mal del todo, se notaba la cercanía de la noche festiva y del día de Navidad, y más de uno solucionó los regalos con el boj bellamente tallado por el artesano. Aunque Damián esperaba más, y apuró el tiempo todo lo que pudo, la noche se le echaba encima y era hora de volver a casa. Conocía muy bien el camino, y confiaba en las estrellas, como tantas otras noches de pastoreo. Sin embargo, la cima del puerto le sobrecogió. Nunca antes había sentido esa inquietud, nunca se había notado oprimido por una extraña fuerza que parecía provenir de la misma montaña. La nieve amortiguaba el sonido de las pisadas. El viento estaba calmado y el silencio era absoluto. Hasta que escuchó la voz. Al principio no se lo creyó. Luego ya no tuvo más remedio que mirar hacia la superficie negra y brillante del ibón. Allí no parecía haber nadie, y, sin embargo, la voz venía del lago. No se entendía lo que decía, ni siquiera era posible saber si se trataba o no de palabras. Al poco tiempo, a la primera voz se unieron otras, y todas parecían voces de mujer.
A Damián le temblaban las piernas y las manos. Dejó resbalar de la espalda el morral y la mochila, y se desparramó su contenido por la ladera de nieve que se extendía a sus pies. El coro de voces seguía entonando una melodía extraña, bellísima, y a cada minuto que pasaba, parecían añadirse nuevas notas, entonaciones imposibles y misteriosas resonancias. Damián comenzó a andar hacia el lago. En lo más profundo de su cerebro le pareció escuchar, débilmente, la cantarina voz de su mujer que lo llamaba, pero enseguida su nombre formó parte del coro de aquellas voces angelicales, y, claramente, resonó en todo el valle una frase pronunciada por gargantas invisibles:
-Damián, Damián, ven, ven...
El hechizo de las Fadas de los Ibons de Puerto volvía a elevarse por encima de las aguas heladas, por encima de la nieve oscura, más allá de las cimas... y su poder, su antiguo y desconocido poder venido de otros mundos y de otros tiempos, arrancaba de esta vida al pobre Damián, Damián el cucharero, y le obligaba a arrojarse en los brazos glaciales de los lagos de la montaña. La profundidad de un ibón fue su tumba.
Pasados los años, todas las Nueibuenas, un joven montañés llamado Fabián sube a Puerto y arroja una rama de boj, de bucho, a las calmas aguas del ibón

CHEMA GUTIÉRREZ LERA.

15 feb. 2010

CON RAQUETAS POR CANDANCHÚ

Nuestro recorrido comienza junto a las taquillas de Pista Grande en la estación de esquí de Candanchú, junto a la pista de trineos. Desde allí ascenderemos suavemente hasta alcanzar la huella pisada por las máquinas de la estación, que sale en dirección ascendente dejando un pequeño Barranco (Sapos) a nuestra derecha y que nos lleva hasta un edificio de piedra de planta baja donde realizaremos un cambio de dirección con rumbo oeste, el cual siguiendo la pista por el fondo del valle nos depositará en un pequeño collado por donde discurren las pistas de fondo de la estación. Después de un pequeño repecho podremos reponer fuerzas , relajarnos y recrear nuestra vista y nuestro objetivo en un área de descanso habilitada con mesas y bancos. Desde aquí podremos observar todas las montañas que rodean el valle y a continuación seguir con el recorrido que nos sitúa en la frontera para de esta manera tener la posibilidad de caminar con un pie en cada país. Para ello deberemos cambiar nuestra dirección de marcha y siempre con la Raca en nuestro horizonte seguir las numerosas mugas que delimitan esta frontera y que nos llevarán en un contínuo sube y baja por la cresta del monte Candanchú, en cuyo término tomaremos una suave bajada que nos llevará a el edificio de piedra donde enlazaremos con el camino de ida para volver a la Estación.
Se trata de un fácil r
ecorrido de aproximadamente 1 hora sin contar las paradas, ideal para inicirse en el manejo de raqutas de nieve.

8 ene. 2010

EL RUSO DE CANFRANC


Esta historia la encontré navegando por internet y os la transmito en boca de su autor, Bastián Lasierra, gracias a cuya investigación podemos conocerla:
-Tengo que retornar al año 1968, para colocaros en esta historia, pues es el año que yo recojo los apuntes que os paso a continuación:
Poco antes de llegar a Candanchú, una vez que habéis rebasado l’Anglasé -con su herr
ería destruida por un alud hace muchos años (a la entrada de Canal Roya)- y Rioseta -con su campamento militar y todas las colinas de alrededor minadas como un fortín-, la carretera cruza el “Puente del Ruso”. Y un poco más arriba, a la derecha aún pueden verse las ruinas de lo que fue la “Caseta del Ruso”. Deseoso de saber algo del personaje que le dio nombre, pregunté entre los viejos de Canfranc lo que pudieran saber de él. Pocos lo conocieron (murió sobre los años veinte), pero la mayoría oyeron hablar de él a sus padres. Todos están de acuerdo en que era un ruso o un polaco a quien las circunstancias empujaron a España. Era rubio, fornido, simpático y hablaba haciendo vibrar fuertemente las erres. Su casa siempre estaba abierta a todos, especialmente durante los terribles temporales de nieve que amenazaban con sus aludes –“lurtes” decimos en aragonés- a los caminantes. Cuando arreciaban, el Ruso ni siquiera se conformaba con esperar a los desgraciados sino que, con frecuencia, arriesgando la vida, salía en busca de ellos. Otros informadores, con mucha más imaginación, hasta inventan una novela sobre el personaje: era siberiano, había huido de las minas de Siberia adonde había ido a parar por un crimen que no cometió. Y eso en seguida se adivinaba al comprobar su carácter pacífico y acogedor, su predisposición a la amistad y su bondad natural. Otros aseguran que no era ruso, sino centroeuropeo, aunque nadie le oyó utilizar palabras extranjeras, sino aragonesas salpicando con un mediano castellano. En lo que sí hay unanimidad es en asegurar que salvó muchas vidas. La verdad es que no tenía nada de extranjero aunque su aspecto externo pudiese inducir a esa creencia. Y es que los aragoneses somos tan pánfilos que, para valorar más cualquier cosa, en seguida le tenemos que colgar la etiqueta de foránea. La buena suerte me echó una mano cuando ya desesperaba de enterarme de algo objetivo sobre el Ruso, que por otra parte parecía un tema sugestivo. Los finales del siglo diecinueve y principios del veinte, destacaron por sus intensas nevadas y bajas temperaturas (no como ahora que te cae un palmo de nieve y detrás viene una llovizna que la derrite toda). La prensa, de entonces es unánime en los comentarios, especialmente cuando cuenta las tragedias, demasiado frecuentes, de las víctimas del frío o de los lurtes. Manuel Buisán, un abuelico de Plan, más simpático que pa qué, me contaba la historia trágica de nueve niños helados a la vez en el puerto de Gistaín. Y es que, antiguamente, los padres llevaban a Francia a los críos y crías de diez o doce años en adelante a trabajar, iban a servir. Para Todos los Santos volvían a buscarlos y generalmente se reunían en el Hospital de Francia. La paga que sacaban de todo un verano era tal vez un saco de sebo. Un invierno fue especialmente duro. Los niños esperaban en el Hospital francés debajo del puerto de Aigües Tortes y los padres que no llegaban. El hospitalero ya les decía a los chavales que no fueran a la frontera, pero ellos, por la ilusión de volver a casa, no hicieron caso. Los envolvió la niebla, se perdieron y a las pocas horas los encontraron semicongelados. Un padre tenía que llevar dos hijos y no podía a la vez. Llevaba a uno hasta un refugio y volvía a por el otro. Solamente un hombre muy fuerte logró salvar a su hijo llevándolo en brazos, arropado con un tapabocas. Los periódicos de esos años se hacen eco de innumerables relatos trágicos. Uno, leído al azar en “El Pirineo Aragonés” de Jaca, con fecha de 2 de marzo de 1890, narra: “Por una carta que hemos recibido de la próxima villa de Ansó, tenemos la noticia de varias desgracias ocurridas recientemente en aquel distrito. Hace poco se dirigían a Francia ocho hombres y, al atravesar el puerto, quedaron cinco de ellos sepultados bajo un lurte horrible, del cual no podrán ser extraídos hasta el próximo verano”… La prensa de Tarbes cuenta también por esas mismas fechas la expedición de treinta y cinco hombres de Gavarni que van a hacer contrabando y en la base del Taillón, al avanzar en dos filas, un alud de nieve sepultó a la primera de ellas. Ocho hombres quedaron aprisionados, de los que siete murieron. Y solamente pudieron rescatar tres cadáveres. “Los otros cuatro -dice textualmente la nota- sólo se podrán recuperar en Junio”. Cuando recogía material sobre los contrabandistas, quedé profundamente impresionado por la cantidad de tragedias que vivieron aquellos hombres y mujeres que, por aliviar con unos pocos duros el presupuesto familiar, se jugaban la vida a diario en las noches invernales. Podría seguir con una larga lista de noticias parecidas que trae la prensa de ambos lados del Pirineo. Por cierto, que también aparecen noticias de osos en diversas cacerías. Todavía abundaban en esas calendas y, por supuesto, mucho más todavía, las cacerías de lobos. Rastreando la historia de la montaña, y cuando menos me lo esperaba, me encontré con una noticia sobre el Ruso que me disipó todas las dudas que pudiera tener. Aparece nuestro hombre con su verdadero nombre y apellido, profundamente aragonés. Era escueta, pero clarísima. Está datada el 17 de febrero de 1889 y dice así: “Se pide recompensa para el caminero Domingo Betés, alias el Ruso, que ha salvado de muerte segura muchos pasajeros”.
No esperéis mucha más leyenda del Ruso. Si os paso esta “falordia”, solo es para tratar de demostrar a mi manera, lo desconocida que es la historia de nuestras gentes.
Y cuando subáis a Canfranc, podréis contarla. Poca gente la conoce.
BASTIÁN LASIERRA