Un día nuestros sueños nos llevaron de vuelta a Canfranc...

... recordé mis primeros esquís en Candanchú, mis primeros campamentos en Canal Roya, mis primeros pasos como monitor de tiempo libre en la casa de colonias junto al río, mis primeras escaladas en el Coll de Ladrones. Cuántos primeros pasos en un mismo lugar. Pero sobre todo recordé aquel olor a aceite quemado de los trenes en la estación, su vestíbulo, la gente subiendo y bajando del tren, sus largas y agradables cuatro horas desde Zaragoza, montañeros, esquiadores...cómo ha cambiado todo, ¡qué abandono!
Por un momento entristecí mientras se desvanecían aquellas imágenes, como si del color pasasen al blanco y negro. Sentí la necesidad de hacer algo, y así fué. Ahora subo casi todos los fines de semana; veo como la Estación se transforma, me manifiesto por la reapertura del Canfranc, paseo por sus montañas, observo su naturaleza, fotografío sus paisajes, convivo con sus gentes y vuelvo a deslizarme por su nieve.
Pero lo mejor es que todo ésto no lo hago solo, sino con mi mujer y mis hijos. Y contagiamos a familiares y amigos. ¿Te contagias tú también?

15 abr. 2017

EL CABALLO DE ESTIBELLAS

 Conocí hace un tiempo a un nativo de Canfranc que ya no vive en estos Valles, pero aún tiene casa aquí y sigue subiendo siempre que se lo permiten sus quehaceres.
 Me contó que de niño su abuela le contaba una bonita historia para dormir, que a ella le contaban ya sus antecesores. Trataba de cómo la naturaleza puede volverse en tu contra si no la respetas.

 Hace muchos, muchos años, existió un precioso caballo que por su porte y belleza se libraba de acompañar a sus compañeros en los porteos que hacían a través del Puerto del Somport. Su dueño lo llevaba a las ferias de ganado sólo para presentarlo a los concursos, la mayoría de los cuales ganaba, lo que con el tiempo fue haciendo que este caballo se volviese altivo y arrogante.
 Cuando el resto de caballos y yeguas porteaban todo tipo de géneros para vender en el lado francés, él gozaba de días de libertad por las montañas para así cultivar su musculatura.
 Uno de esos días, en las laderas occidentales del valle, encontró una pequeña fuente de agua clara y fresca escondida tras unas rocas. Cansado y sediento bebió en ella con tanta ansiedad que la secó. Mientras iniciaba su marcha de nuevo, salieron frente a él tres pequeños seres revoloteando a su alrededor. No eran ni pájaros ni mariposas, y tenían una belleza tan especial que desprendían un halo de purpurina acompañado de una leve musicalidad. Eran las Estibellas, seres mitológicos del Valle que no se dejan ver así como así.
 El corcel frenó en seco y con voz arrogante y mirada altiva les dijo: - ¿Qué hacéis en mi camino? Apartad y dejadme pasar.
 Las Estivellas con voces serenas y amables le explicaron porqué le habían detenido de esa manera : - Verás, bello corcel, la fuente de la que has bebido es nuestra reserva de agua. Es un agua pura que baja del deshielo de las más altas cimas y tarda muchos días en volver a manar. No te prohibimos que bebas para refrescarte si lo necesitas, pero, por favor, no lo hagas con ansiedad y egoismo para no dejar nada al que venga detrás, si secas la fuente no tendremos agua en una semana hasta que vuelva a manar.
 El caballo, con cara de desprecio y entre risas contestó: - ¿Prohibirme beber? ¿a mí?, jajajajaja. Beberé lo que quiera siempre que pueda.
 Y levantando sus patas delanteras para espantar a las Estibellas echó a correr montaña abajo sin ningún remordimiento.

 Pasados unos días, alrededor de una semana, el elegante caballo volvió a tener unos días de asueto para galopar libre por las montañas. Recordó el encontronazo con las Estibellas y fue en busca de la fuente. En poco más de veinte minutos se plantó en aquel recóndito lugar dispuesto a saciar su sed, pero esta vez se encontró con una sorpresa. Las Estibellas le estaban esperando delante de la fuente.
 Antes de que el caballo abriese su boca llena de blancos dientes, las pequeñas hadas hablaron con su particular amabilidad: - Hola bello caballo, suponemos que tras tus largos paseos por el monte estarás sediento. Te permitiremos que aplaques tu sed en nuestra fuente  pero bebe sólo lo suficiente para refrescarte. Ya sabes que esta pequeña fuente da de beber a otros seres de estos bosques y hace que la vegetación este verde y fresca para defenderse del calor y de los incendios.
 El caballo, tan listo como hermoso, accedió a la petición de los pequeños seres sabiendo que esa era la única forma de beber en la fuente: - De acuerdo, beberé sólo para saciar mi sed.
 Las Estibellas se apartaron y el cuadrúpedo se amorróa la pequeña fuente. Y con la misma ansia de la otra ocasión vació el torrente y sentenció: - Al parecer tenía mucha sed y he necesitado toda el agua para saciarme.
Dando un coletazo a las Estibellas se dio mediavuelta y salió de allí al trote a la par que las hadas malhumoradas le gritaron: - Esta será la última vez que lo hagas. Si vuelve a pasar lo pagarás muy caro. - Pero el caballo hacía oidos sordos.

 Esta vez pasó más tiempo, pues el dueño del caballo lo llevó a un concurso en tierra llana, saliendo de nuevo vencedor.
 Al volver a casa su dueño le dio rienda suelta por el monte y el caballo se apresuró, más arrogante y seguro que nunca, hacia la fuente de las Estibellas. Había estado esperando el momento para volver a plantarles cara y dejar claro quien mandaba en esos montes.
 Cuál fue su sorpresa al llegar y encontrar la fuente a solas, sin nadie que la guardase y con su agua fresca y clara. Su egolatría le cegó y le hizo pensar que aquellos inoportunos seres voladores habían desistido y se habían rendido. Así que con toda la tranquilidad del mundo acercó su boca a la fuente y en el momento justo en que tocó el agua, sonó una leve y conocida musicalidad y un hechizo convirtió al corcel en tronco de madera y su larga y hermosa cola en preciosa cascada de aguas cristalinas que darían de beber a los seres del bosque durante miles de años.


 No será pues casualidad que exista un lugar llamado Olla de Estibellas y bajo el cual, con el deshielo, baja un precioso torrente que forma la Cascada de la Cola de caballo, cuyo agua discurre por el Barranco de Estibellas. Pero todavía más increible es encontrarse en los senderos de este lado del Valle, un tronco con forma de enorme cabeza de caballo en posicion de abrevar.

 Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado..........o no? Sube y compruébalo tú mismo.