Un día nuestros sueños nos llevaron de vuelta a Canfranc...

... recordé mis primeros esquís en Candanchú, mis primeros campamentos en Canal Roya, mis primeros pasos como monitor de tiempo libre en la casa de colonias junto al río, mis primeras escaladas en el Coll de Ladrones. Cuántos primeros pasos en un mismo lugar. Pero sobre todo recordé aquel olor a aceite quemado de los trenes en la estación, su vestíbulo, la gente subiendo y bajando del tren, sus largas y agradables cuatro horas desde Zaragoza, montañeros, esquiadores...cómo ha cambiado todo, ¡qué abandono!
Por un momento entristecí mientras se desvanecían aquellas imágenes, como si del color pasasen al blanco y negro. Sentí la necesidad de hacer algo, y así fué. Ahora subo casi todos los fines de semana; veo como la Estación se transforma, me manifiesto por la reapertura del Canfranc, paseo por sus montañas, observo su naturaleza, fotografío sus paisajes, convivo con sus gentes y vuelvo a deslizarme por su nieve.
Pero lo mejor es que todo ésto no lo hago solo, sino con mi mujer y mis hijos. Y contagiamos a familiares y amigos. ¿Te contagias tú también?

19 dic. 2011

LA LEYENDA DE CASTIELLO

Cuenta la leyenda que un peregrino francés, entrando por el Somport, se dirigía a Santiago. Aparte de su sombrero de ala ancha, el abrigo corto con esclavina, la calabaza para el agua o el vino, el bordón y la esportilla de cuero donde portaba una pequeña cantidad de comida y algo de dinero, cargaba al hombro un saco bastante voluminoso. Así atravesó Canfranc y Villanúa para llegar a Castiello y dormir en la hospedería aquella noche.
A la mañana siguiente, sin despedirse de nadie, se dispuso a marchar con su saco a la espalda, pero cuando estaba a punto de salir del pueblo, el peregrino, como fulminado, cayó muerto. Todo el pueblo corrió a auxiliarle y le llevaron, antes de enterrarlo, a la losa del cementerio.
Ante el asombro de todos, el peregrino volvió a la vida súbitamente y, de forma apresurada, emprendió de nuevo su camino, pero otra vez se quedó sin vida a la salida del pueblo. Quienes lo recogieron se percataron de que realmente había muerto. Pero el caso es que hasta cuatro veces se repitió tan extraordinario acontecimiento: si se iba del pueblo, el peregrino moría y cuando lo devolvían a Castiello, resucitaba.
Naturalmente intentaron buscar una explicación a aquel misterio, sobre todo cuando observaron que cada vez que emprendía el viaje de nuevo y conforme se iba alejando, a cada paso que daba el peregrino se encorvaba más y más.
Fue entonces cuando el viajero contó que un anciano le había encomendado transportar el saco que llevaba a la espalda por el Camino de Santiago, advirtiéndole que cuando el saco aumentara de peso no se resistiese. A la vista de lo sucedido aceptó la idea de que tenía que dejar el saco en Castiello pues era imposible salir de allí. Lo que nadie sabía era lo que contenía el misterioso saco, así es que decidieron abrirlo, apareciendo en su interior unas reliquias que fueron depositadas en la iglesia, donde todavía se conservan. Aparte de varias pertenecientes a diversos santos, destacan una espina de la corona de Cristo y una astilla de la cruz en la que murió.
El peregrino pronto desapareció, se dice que llegó a Santiago, que ganó la Compostelana y volvió a su país. Otros cuentan que de vez en cuando en el camino se encuentran a un misterioso anciano con un gran saco a sus espaldas.

JOSÉ LUIS SOLANO ROZAS.

1 comentario:

  1. entretenido tu blog, ya lo conocia, me gusta que seamos canfraneros activistas, saludos

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