Un día nuestros sueños nos llevaron de vuelta a Canfranc...

... recordé mis primeros esquís en Candanchú, mis primeros campamentos en Canal Roya, mis primeros pasos como monitor de tiempo libre en la casa de colonias junto al río, mis primeras escaladas en el Coll de Ladrones. Cuántos primeros pasos en un mismo lugar. Pero sobre todo recordé aquel olor a aceite quemado de los trenes en la estación, su vestíbulo, la gente subiendo y bajando del tren, sus largas y agradables cuatro horas desde Zaragoza, montañeros, esquiadores...cómo ha cambiado todo, ¡qué abandono!
Por un momento entristecí mientras se desvanecían aquellas imágenes, como si del color pasasen al blanco y negro. Sentí la necesidad de hacer algo, y así fué. Ahora subo casi todos los fines de semana; veo como la Estación se transforma, me manifiesto por la reapertura del Canfranc, paseo por sus montañas, observo su naturaleza, fotografío sus paisajes, convivo con sus gentes y vuelvo a deslizarme por su nieve.
Pero lo mejor es que todo ésto no lo hago solo, sino con mi mujer y mis hijos. Y contagiamos a familiares y amigos. ¿Te contagias tú también?

17 dic. 2013

Paseo con Raquetas a la Caseta de La Cueva (1h.30 min)

Esta vez nos toca pasear por la ladera este, y aunque ya hace días que cayó la gran nevada, aún queda bastante como para necesitar las raquetas en bastantes tramos. En otros sin embargo el hielo duro nos hará tener precaución para no besar el suelo. Lo bonito de esta actividad (los paseos con raquetas) es que si sale un buen día disfrutamos de la nieve de una forma menos agotadora, y además se puede hacer con toda la familia.
Lo primero, como siempre es llevar el material adecuado, especialmente de calzado y abrigo. Después elegimos una ruta accesible y.... en marcha.
 Hoy comenzamos subiendo por la pista de Picauvé que da acceso también al Coll de Ladrones. En la primera curva tomaremos a nuestra derecha el sendero ascendente que en apenas 20 minutos nos deja en la casita blanca. desde aquí disfrutamos las primeras vistas del paisaje nevado. Abajo Canfranc, la Estación y la Iglesia bien diferenciados, y arriba las crestas del Borreguil de la Cuca que reciben los primeros rayos de sol en el Valle.
Si continuamos por la pista, y a nuestra derecha, Bajo la casita negra, nos topamos con la señal que indica  el sendero a tomar en dirección a la caseta de la cueva.  Conforme vamos subiendo, serpenteando en el interior del bosque, seguiremos en muchas ocasiones las huellas de los corzos que bajan de madrugada a buscar comida cerca de las casas del pueblo. A veces incluso podremos ver huir a alguno de forma casi mágica. Sólo por uno de estos encuentros ya merece la pena pasear por estos bosques.

Proseguiremos nuestro ascenso con cuidado, especialmente en las zonas donde la pendiente ha acumulado más nieve. Pasaremos hasta por tres accesos a miradores sobre el Valle. Disfrutando así de los cada vez más pequeños edificios del pueblo, como las piscinas y el frontón, cubiertos de nieve, o la cascada de cola de caballo inmóvil por el hielo que la recubre. Estos miradores son buenas excusas para hacer altos en el camino y comer algo y rehidratarse, aunque no conviene detenerse mucho tiempo para que los músculos no se enfríen.

Y por fin, cuando menos te lo esperas, en aproximadamente hora y media (algo más si se para en los miradores), nos topamos con la caseta de la cueva. una vieja edificación construida bajo una forma caprichosa excavada por el agua, que servía de refugio a los hombres que trabajaron en la impresionante obra de ingeniería forestal que nos rodea. Pero esa es otra historia.
Bueno, hoy hemos decidido quedarnos aquí, pero si aún hay tiempo y energías podemos seguir ascendiendo, atravesando el pequeño túnel horadado en la roca que nos indica el camino a la caseta del vasco, otra antigua edificación que contaba incluso con alojamiento y economato.
Y no nos queda mas que volver siguiendo nuestras huellas y con unas bonitas fotos de recuerdo.
Si vais con niños os recomiendo leer algo sobre estas construcciones para contárselo durante el camino.