Un día nuestros sueños nos llevaron de vuelta a Canfranc...

... recordé mis primeros esquís en Candanchú, mis primeros campamentos en Canal Roya, mis primeros pasos como monitor de tiempo libre en la casa de colonias junto al río, mis primeras escaladas en el Coll de Ladrones. Cuántos primeros pasos en un mismo lugar. Pero sobre todo recordé aquel olor a aceite quemado de los trenes en la estación, su vestíbulo, la gente subiendo y bajando del tren, sus largas y agradables cuatro horas desde Zaragoza, montañeros, esquiadores...cómo ha cambiado todo, ¡qué abandono!
Por un momento entristecí mientras se desvanecían aquellas imágenes, como si del color pasasen al blanco y negro. Sentí la necesidad de hacer algo, y así fué. Ahora subo casi todos los fines de semana; veo como la Estación se transforma, me manifiesto por la reapertura del Canfranc, paseo por sus montañas, observo su naturaleza, fotografío sus paisajes, convivo con sus gentes y vuelvo a deslizarme por su nieve.
Pero lo mejor es que todo ésto no lo hago solo, sino con mi mujer y mis hijos. Y contagiamos a familiares y amigos. ¿Te contagias tú también?

9 abr 2012

SERES DEL BOSQUE (MITOLOGÍA DE CANFRANC)


LOS MELANCÓLICOS.
Son los seres que realmente dan nombre al paseo que hay detrás de la estación. Se llaman así por la tristeza que les invade cada vez que los humanos arrancan una flor o cortan un arbusto.
Son del tamaño de un pulgar y dedican su vida a replantar el bosque. Son capaces de devolver la vida a una flor cortada con sus poderes mágicos.

 Hay quien dice que los ha visto un segundo, pues son muy rápidos y se camuflan entre las hojas caídas de los árboles. Viven en los huecos de los troncos y se alimentan de la resina de pinos y abetos.
Pueden vivir cientos de años, pero cada vez que un humano arranca una flor de su bosque, uno de ellos enferma y sólo sanará si un Melancólico devuelve la vida a otra flor.


                                        LOS CARGATES.
Son seres del tamaño de una nuez y viven en barranqueras y arroyos. Son una mezcla de humano y anfibio y son amigos de ranas , tritones y salamandras.
Necesitan del agua para vivir y se encargan de filtrar y limpiar el agua de arroyos y manantiales.
Su jefe se llama Epifanio y cada vez hay menos porque los glaciares de las montañas están desapareciendo y los barrancos se están secando.
Se alimentan de musgo y pan de rana.



LAS ESTIBELLAS.
Se llaman así porque los habitantes del valle decían de ellas que eran muy estiradas y bellas. Son del tamaño de un gorrión y están a caballo entre un pájaro y una mariposa. Son difíciles de ver porque sus oídos pueden distinguir el ruido de un humano a mucha distancia y huyen revoloteando en cuanto lo sienten.
Se alimentan de la savia de los árboles y de la clorofila de sus hojas, y cuando se juntan cuatro o cinco pueden batir sus alas con tanta fuerza que provocan los vientos del valle, unas veces para limpiar el aire y otras porque se enfadan con los hombres.



LAS CUCAS.
Son mitad mujer, mitad sarrio, y aunque son algo más pequeños que éstos, son más rápidos y ágiles.
Viven en las cimas más altas del valle, en zonas rocosas y escarpadas y sólo salen cuando el sol se pone para vigilar desde arriba a los hombres que cometen sus fechorías en la oscuridad de la noche. como cazadores furtivos, pirómanos...




LOS PICA-UVES.
El abrupto paisaje de Canfranc-Estación no es algo casual. Desde tiempos muy remotos existen en el valle unos seres diminutos que cabrían en un vaso de agua. Mientras los humanos duermen se agrupan cientos de ellos para picar las rocas y formar preciosos valles en la montaña. De ahí el nombre que recibieron de nuestros ancestros; los Pica uves, pues los valles que construyen tienen esa forma. Viven bajo tierra y tienen una vista muy reducida pero sus enormes narices les permite distinguir todo lo que les rodea por su olor, igual que los topos.


19 dic 2011

LA LEYENDA DE CASTIELLO

Cuenta la leyenda que un peregrino francés, entrando por el Somport, se dirigía a Santiago. Aparte de su sombrero de ala ancha, el abrigo corto con esclavina, la calabaza para el agua o el vino, el bordón y la esportilla de cuero donde portaba una pequeña cantidad de comida y algo de dinero, cargaba al hombro un saco bastante voluminoso. Así atravesó Canfranc y Villanúa para llegar a Castiello y dormir en la hospedería aquella noche.
A la mañana siguiente, sin despedirse de nadie, se dispuso a marchar con su saco a la espalda, pero cuando estaba a punto de salir del pueblo, el peregrino, como fulminado, cayó muerto. Todo el pueblo corrió a auxiliarle y le llevaron, antes de enterrarlo, a la losa del cementerio.
Ante el asombro de todos, el peregrino volvió a la vida súbitamente y, de forma apresurada, emprendió de nuevo su camino, pero otra vez se quedó sin vida a la salida del pueblo. Quienes lo recogieron se percataron de que realmente había muerto. Pero el caso es que hasta cuatro veces se repitió tan extraordinario acontecimiento: si se iba del pueblo, el peregrino moría y cuando lo devolvían a Castiello, resucitaba.
Naturalmente intentaron buscar una explicación a aquel misterio, sobre todo cuando observaron que cada vez que emprendía el viaje de nuevo y conforme se iba alejando, a cada paso que daba el peregrino se encorvaba más y más.
Fue entonces cuando el viajero contó que un anciano le había encomendado transportar el saco que llevaba a la espalda por el Camino de Santiago, advirtiéndole que cuando el saco aumentara de peso no se resistiese. A la vista de lo sucedido aceptó la idea de que tenía que dejar el saco en Castiello pues era imposible salir de allí. Lo que nadie sabía era lo que contenía el misterioso saco, así es que decidieron abrirlo, apareciendo en su interior unas reliquias que fueron depositadas en la iglesia, donde todavía se conservan. Aparte de varias pertenecientes a diversos santos, destacan una espina de la corona de Cristo y una astilla de la cruz en la que murió.
El peregrino pronto desapareció, se dice que llegó a Santiago, que ganó la Compostelana y volvió a su país. Otros cuentan que de vez en cuando en el camino se encuentran a un misterioso anciano con un gran saco a sus espaldas.

JOSÉ LUIS SOLANO ROZAS.

18 dic 2011

BTT: VILLANÚA - LA TRAPA - FUENTE DEL PACO


Esta ruta se realizó hace tres años, pero no ha cambiado nada su recorrido. Es una ruta bastante exigente por su ascenso prolongado (14 km. desde Villanúa hasta La Trapa). Hasta la Fuente del Paco son 25 km. en total, a los que habrá que sumar otros 6 km. de bajada hasta Villanúa (unos 15 min.) La primera parte del recorrido discurre entre pinos, sólo los últimos kilómetros quedan expuestos al sol. Se sube desde los 950m. de Villanúa hasta los 1750m. que marca el Refugio de La Trapa. Hay que tener en cuenta que en el Pirineo el tiempo cambia rápidamente. Chino Chano y disfrutad del paisaje.

       La Trapa a las faldas del macizo de Collarada.


   Llegando al Refugio de La Trapa, UFFF!! menos mal.

          Señalización en los llanos de La Trapa.

   Refugio de La Trapa, de uso libre (puerta izquierda).

                       Sobre el nivel del mar.

                Cruce a la Fuente del Paco.

Fuente del Paco. Un buen sitio para descansar, almorzar y disfrutar del lugar, aunque suele estar concurrida en fechas vacacionales. (Es una clásica para familias desde Villanúa)