Un día nuestros sueños nos llevaron de vuelta a Canfranc...

... recordé mis primeros esquís en Candanchú, mis primeros campamentos en Canal Roya, mis primeros pasos como monitor de tiempo libre en la casa de colonias junto al río, mis primeras escaladas en el Coll de Ladrones. Cuántos primeros pasos en un mismo lugar. Pero sobre todo recordé aquel olor a aceite quemado de los trenes en la estación, su vestíbulo, la gente subiendo y bajando del tren, sus largas y agradables cuatro horas desde Zaragoza, montañeros, esquiadores...cómo ha cambiado todo, ¡qué abandono!
Por un momento entristecí mientras se desvanecían aquellas imágenes, como si del color pasasen al blanco y negro. Sentí la necesidad de hacer algo, y así fué. Ahora subo casi todos los fines de semana; veo como la Estación se transforma, me manifiesto por la reapertura del Canfranc, paseo por sus montañas, observo su naturaleza, fotografío sus paisajes, convivo con sus gentes y vuelvo a deslizarme por su nieve.
Pero lo mejor es que todo ésto no lo hago solo, sino con mi mujer y mis hijos. Y contagiamos a familiares y amigos. ¿Te contagias tú también?

16 dic. 2009

LA MALDICIÓN DE CANFRANC PUEBLO

Hace ya unos cuantos siglos, un crudo invierno llegó al pueblo, siguiendo el camino de Santiago un peregrino judío, solicitó alojamiento y comida a las gentes del pueblo, que no sólo se lo denegaron, además lo expulsaron del pueblo (no se sabe porque obraron así, cuando a los peregrinos siempre se les atiende), antes de perder de vista la última casa del pueblo, el peregrino les echó una maldición;
- Vuestro pueblo arderá tres veces y al final habrá una riada que lo hará desaparecer para siempre.
En 1617, contando sólo con 200 habitantes, Canfranc sufrió el primer gran incendio, solo quedaron en pie la iglesia de la Santísima Trinidad, dos casas, el castillo real y el molino de harina.
En Junio de 1944, sufrió el segundo incendio, una chispa del fuego de un hogar, en la parte alta del pueblo, llevado por el viento hizo que se prendieran los tejados de pizarra carbonosa y las techumbres de madera del resto de casas, ardieron 117 de las 132 que había. Para reconstruirlo, se realizó una suscripción nacional (se retuvo el salario de los funcionarios españoles por un día, pero el dinero nunca llegó a Canfranc) y la mayoría de la población tuvo que refugiarse hasta en las buhardillas del poblado nuevo (Canfranc Estación), donde finalmente, se edificaron barrios nuevos para los perjudicados, y al final, el pueblo entero se traslado al nuevo Canfranc.
Aún quedan por cumplirse la tercera y cuarta parte de la maldición…

12 dic. 2009

LEYENDA DEL HOSPITAL DE STA. CRISTINA.

Poco después de empezar el descenso del Somport (el Summus Portus romano) se encuentran unos restos en forma de sillares abandonados que indican de la existencia de un antiguo hospital de peregrinos, el Hospital de Santa Cristina. El Códex Calixtinus lo consideraba como "uno de los tres pilares de la cristiandad" junto a los de Jerusalen y San Bernardo en los Alpes. Cuenta la leyenda que dos peregrinos procedentes de Francia, cuyo nombre ya se olvidó, iniciaron su peregrinación en pleno invierno. En el alto de Somport fueron sorprendidos por una tormenta de nieve y viento, que sumadas a la amenaza de los lobos, les hicieron temer por sus vidas y se encomendaron a la Santísima Virgen para que los salvara. En ese momento pudieron distinguir unas luces que señalaban un punto y al llegar hallaron una cueva, según otras versiones una cabaña, en la que pudieron resguardarse. Al día siguiente la tormenta había cesado y los lobos habían huido. En acción de gracias, los peregrinos prometieron fundar en este lugar un hospital para peregrinos. Fue entonces cuando apareció una paloma con una cruz dorada en el pico. Ésta abandonó la cruz en un lugar determinado. Los peregrinos entendieron entonces que la Virgen había adoptado la forma de paloma y les había señalado el lugar donde el hospital debía ser levantado. La paloma con la cruz en el pico sería desde entonces el escudo del hospital y ese motivo se encuentra también tallado en la iglesia de Santiago de Jaca.